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4- De la unificación italiana a la Segunda Guerra Mundial

Guía Turística de Roma
4- De la unificación italiana a la Segunda Guerra Mundial

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4- De la unificación italiana a la Segunda Guerra Mundial

La unificación italiana devolvió la capitalidad a Roma, pero todavía quedaban muchos aspectos por resolver. La situación de la ciudad en el año 1871 no era en absoluto favorable. Los esfuerzos papales por dotar a Roma de numerosas obras de arte no se extendieron a un cuidado de la ciudad a nivel urbanístico ni social. Los avances conseguidos en este sentido durante la Antigüedad parecían no haber existido nunca y Roma entraba en el siglo XX con claras precariedades.

La Primera Guerra Mundial no fue especialmente decisiva para los italianos, que no participaron de forma total en la contienda. Sin embargo, después de esta guerra apareció la figura de Benito Mussolini, que vendría a cambiar por completo el sistema de Roma y de toda la nación italiana. Mussolini fue el creador del fascismo como tal, ya que así bautizó a su partido, uniformado con las clásicas camisas negras de aquel entonces. Su inicial falta de experiencia militar la suplía con una fuerte ambición, una clara apuesta por la violencia y una ideología totalitaria que no admitía ningún tipo de crítica.

Para granjearse la confianza de la población mantuvo al rey en el trono e inició una serie de mejoras urbanas en la ciudad. Mejoras triviales que afectaban al tráfico o el aspecto de las calles mientras su poder crecía y la conciencia de las clases sociales se mantenía adormecida. Su ideal era conseguir una Roma "moderna”, pero dotada de los aspectos que la población aún podía recordar de las antiguas glorias y triunfos del pasado.

El papa por aquel entonces, Pío XI, vio en Mussolini un posible aliado, y el dictador tampoco dudó de que su relación con los estamentos religiosos fuera beneficiosa. En 1929 se firma el célebre Tratado de Letrán, por el que el Vaticano se mantiene como estado independiente con el Papa como jefe de estado.

La dictadura continúa y en 1940 Italia entra en la Segunda Guerra Mundial apoyando a las tropas alemanas de Hitler. Pero la decisión le traería pésimas consecuencias. El avance de las tropas aliadas hizo que, en 1943, Mussolini fuera arrestado por el rey de Italia para calmar los ánimos. Sin embargo, esta decisión alteró otra perspectiva, la de Hitler, que entró en Roma para liberar a Mussolini y hacerse cargo del poder de la ciudad. Los aliados no se echan atrás y empieza el bombardeo de la ciudad aunque, por suerte, para la historia y las generaciones posteriores, los ataques no afectaron como se puede pensar a las grandes obras de arte que aún se mantienen en pie. Podía haber sido mucho peor de haber existido respuesta alemana, pero no fue así y Roma se libró de convertirse en un irremediable campo de batalla.

El 4 de junio de 1944 las tropas aliadas entran en Roma y liberan la ciudad. La suerte de Mussolini estaba echada. No había pasado un año cuando el dictador caído fue apresado, fusilado y colgado después en una farola en el centro de Milán, precisamente la misma ciudad en la que se había fundado su partido.