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La gastronomía italiana

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La gastronomía italiana

La gastronomía italiana (y por extensión, la romana) es una de las más universales y exportadas del mundo. La pasta, la pizza, el café y los helados son excelentes productos italianos que hoy en día se pueden probar en cualquier lugar del planeta. Sin embargo, no hay nada tan auténtico como hacerlo en Roma.

La capital italiana es especialmente famosa por su tradición, por unos platos transmitidos de generación en generación de los que los romanos se sienten orgullosos, precisamente, porque son bastante más desconocidos para los turistas. Una de las grandes especialidades es la trippa alla romana (tripa preparada con tomate y queso y alguna salsa) o la saltimbocca (rollitos de ternera y jamón) que, normalmente, nunca faltan en los menús autóctonos.

Los romanos también son muy aficionados a las verduras y legumbres (una visita a cualquier mercado de la ciudad demostrará por qué). Dependiendo de la temporada se pueden encontrar platos a base de alcachofas (una de sus grandes especialidades), pimientos, berenjenas, calabacines, tomates o espárragos. A veces son los protagonistas de los platos en recetas como las carciofi alla romana (alcachofas rellenas de ajo y menta servidas como estofado). Otras veces acompañan a los guisos más tradicionales, muy consistentes en invierno y ligeros pero muy sabrosos en verano.

A la hora de beber, el rey de las mesas es el vino. El dios Baco ya fue testigo en la antigüedad del fervor de los romanos por el vino, y aquí tiene su origen el término "bacanales” en relación a las fiestas de alcohol (… y otros excesos) a los que muchos ni querían ni podían resistirse. En aquella época, beber vino de forma exageraba aseguraba “el contacto con Dios”. No podemos asegurar que así fuera aunque, claro, dependiendo de la cantidad de vino que se llegue a ingerir se puede imaginar eso… y muchas cosas más. Actualmente, el vino italiano es un producto muy apreciado, y no tan sólo a nivel local. Los vinos de regiones como, por ejemplo, la Toscana, son excelentes, aunque en Roma, el local más extendido es el Frascati. En cualquier caso, y si se elige una bodega moderada, el precio no es caro (al menos, comparado con otros países de Europa más al norte, en los que una copa de vino durante una cena o una comida puede convertirse en todo un lujo.

Entre todos los productos autóctonos no podemos olvidar otro que se ha ganado un nombre propio en el país: el queso. En Roma el más famoso es el pecorino (hay testimonios que hablan de la producción de este queso ya en el año 227 aC), pero se pueden encontrar quesos de diferentes lugares de Italia. Parmesano, mozzarella de buffala, ricotta, fontina, gorgonzola, provolone, mascarpone, asiago… El queso es, sin ninguna duda, el producto nacional y en Roma se pueden encontrar excelentes ejemplos en las clásicas alimentaria (tiendas de comestibles) repartidas por toda la ciudad.


Además de estos productos tan típicos, será más que probable que todo el que llegue de visita a la ciudad no quiera abandonarla sin probar un buen plato de pasta o una pizza. En cualquier caso estamos de suerte. En Roma se puede encontrar cualquier tipo de pasta: bucattini, espagueti, ravioli, gnocci, fussili, tagliatelle, rigatone y muchísimos otros nombres de parecidos sabores y formas diferentes. A la hora de las salsas, también hay donde elegir. Además de las clásicas salsas carbonara, pesto y bolognesa, mucho más internacionalizadas, hay cientos de sabores posibles que sólo exigen imaginación y paciencia a la hora de experimentar con las mezclas. La pasta se sirve de múltiples formas en cualquier temporada: fría en ensaladas, caliente en sopas o con salsas, acompañada de carne y también de verduras (los vegetarianos encontrarán muchísimas opciones).

La pizza es la otra gran protagonista y aunque se sabe que su origen está en Nápoles, en Roma han encontrado una forma propia de elaborarla: grande, muy grande y con una masa fina que, en los locales que más respetan la tradición siempre se cuece en un horno de leña. Para acabar de completar la experiencia y si la temperatura acompaña, lo ideal es probar las especialidades de la ciudad en la terraza de algún restaurante, a ser posible fuera de los circuitos más turísticos. Así nos aseguramos dos cosas: que el precio de la cena sea bastante más ajustado y que el ambiente sea mucho más tranquilo. Si se prefiere probar la pizza autóctona sobre la marcha mientras se disfruta del paseo se puede elegir la pizza al taglio, unas porciones que se venden al peso (normalmente al precio de 0,90 €) y que son la opción perfecta para comidas o cenas rápidas y económicas.

Otras de las grandes tentaciones romanas son el café y los helados. El primero presume de ser de los mejores del mundo y puede probarse en muchísimas versiones. El espresso, fuerte y denso, es el clásico café solo; el macchiato es la versión italiana de nuestro cortado (café con algo de leche), el caffe latte es el clásico café con leche y el capuccino, el café italiano por excelencia. Cualquier momento es bueno para degustarlo, ya sea a la hora de desayunar, por la mañana o por la tarde mientras se disfruta de una agradable tertulia. Tomar café es en Roma un acto social; eso sí, lo de fumar es bastante más complicado, ya que en los interiores está prohibido a no ser que haya zona de fumadores y, por lo menos en invierno, no es muy recomendable atreverse con el café en una terraza.

Lo que sí que será casi inevitable aunque haga frío es saborear los excelentes helados romanos. Las gelaterie de Roma son toda una institución (sobre todo, nombres como Giolitti, donde se dice que elaboran de forma artesanal los mejores de la ciudad). El helado aquí no se considera un postre sino una delicia para la que siempre se puede encontrar un momento. Todos se sirven de forma generosa con múltiples sabores y, si se quiere, acompañados de montañas de panna o nata, que se añade al helado sin incremento de precio.

En cualquier caso, lo que sí está claro es que, en Roma, comer es un placer. La ciudad combina perfectamente la tradición con las cualidades de la dieta mediterránea y ofrece una variedad de platos tan grandes que se adaptan sin problemas a los gustos de cualquier paladar. O casi...