

Sin duda, es el gran reclamo de los Museos Vaticanos. Miguel Ángel dedicó varios años de su vida a pintar su techo. Cuatro años en total con la única ayuda de un andamio y una sola mano para realizar los dibujos. El titánico esfuerzo valió la pena, ya que consiguió una de las mejores pinturas del mundo, con diferentes escenas del Génesis en cada una de las partes del techo. Pueden verse la creación de Adán y Eva, el Diluvio Universal, la expulsión del paraíso y numerosas figuras, como los profetas, las sibilas y los ignudi, personajes desnudos que sostienen distintos símbolos.
El resultado es un conjunto pictórico en el que es imposible dejar descansar a la vista y ante el que es muy fácil sentirse sobrecargado por las sensaciones que transmite (el síndrome de Stendhal dio nombre a este sentimiento). Miguel Ángel pintaba "sobre la marcha”, sin tener una idea precisa de cómo sería el resultado final y calculando tan sólo a través de su genial visión de artista. Entre la primera mitad del techo, más discreta y comedida, y la segunda, de colores más brillantes y figuras más grandes, se puede advertir una diferencia que se cree que fue porque Miguel Ángel decidió darle un giro a su gran obra a medida que advertía cómo sería la impresión que causaba.
Una de las escenas más desgarradoras es la que Miguel Ángel pintó en la pared principal de la capilla y que simboliza El Juicio Final. Para muchos estudiosos aquí se encuentra el principal sentido de la capilla y todo gira en torno a esta pintura, a pesar de que Miguel Ángel recibió el encargo de realizarla años después de haber decorado la bóveda. El artista tardó seis años en terminarla, entre 1535 y 1541 trabajó en ella, y el resultado es una fabulosa pintura que representa cómo ascienden al cielo las buenas almas mientras descienden al infierno las almas condenadas. La fuerza de todas las figuras es desgarradora, una increíble muestra del carácter pesimista de Miguel Ángel y gran maestría como artista que ha sido considerada la antesala del Barroco.
A pesar de que las pinturas de Miguel Ángel son el gran reclamo de la Capilla Sixtina, la estancia sería una obra de arte de primer orden aunque éstas no existieran. En las paredes, las pinturas que representan las escenas de las vidas de Cristo y Moisés están pintadas por artistas de la talla de Botticelli, Perugino, Ghirlandaio y Signorelli, cuatro de los grandes maestros del Renacimiento italiano.
Como puede imaginarse, en la Capilla Sixtina no está permitido realizar fotos. Sin embargo, no hay ningún cartel que lo advierta y los guardias de seguridad que hay en la sala tienen que preocuparse de demasiadas cosas a la vez: que los visitantes no toquen las paredes, se sienten en el suelo o, incluso, hablen demasiado alto. Por ello, cuando se advierte el reflejo de que un flash se ha disparado se oye un mensaje a través de unos altavoces que, en todos los idiomas imaginables, avisa de la prohibición... pero ya es demasiado tarde.
La Capilla Sixtina es también el lugar de excepción en el que se reúne el cónclave de la iglesia cada vez que muere un Papa y hay que elegir un sucesor.