

La Piazza di Spagna, punto de partida de nuestra ruta, se encuentra en una de las zonas más elegantes de la ciudad y es un popular punto de encuentro para los romanos.
El Metro de la ciudad tiene parada junto a la plaza, pero al visitante se le recomienda llegar a pie, especialmente con el agradable paseo que comienza en la Piazza del Popolo y llega directamente hasta la plaza tomando la Via del Babuino.
Esta calle es una de las tres que nacen en la Piazza del Popolo en un punto que se conoce como Il Tridente (Via Ripetta, Via del Corso y Via del Babuino) y que concentran los paseos más interesantes para todos los apasionados del Renacimiento, las tiendas de antigüedades o la moda más elegante). Se trata de todo un museo al aire libre del que pocas ciudades del mundo, por no decir ninguna otra, pueden presumir.
La Piazza di Spagna casi no necesita presentación. Su famosísima escalinata es una de las típicas imágenes romanas y un punto de encuentro de lo más popular. Además del agradable ambiente que se disfruta se puede entrar en la iglesia de Santa Trinità dei Monti, visitar el museo Casa Keats-Shelley (en homenaje a estos y otros poetas románticos que residieron en Roma) o dedicarse al shopping en las numerosas tiendas que hay alrededor.
De todas las calles que se pueden elegir para continuar el paseo desde la Piazza di Spagna, una de las más recomendables es la Via Condotti. Eso sí, será mejor hacerlo si se dispone de un bolsillo generoso, ya que encapricharse de alguno de los escaparates de esta calle puede convertirse en todo un lujo. Prada, Moschino, Armani o Versace son sólo algunos de los nombres presentes. A la hora de relajarse y tomar un café, lo mejor es entrar en el Caffé Greco, uno de los históricos en la ciudad, pero también de los más caros. Eso sí, el ambiente, la historia y la decoración justifican los precios.
Si se prefiere volver hacia la plaza para tomar dirección al Quirinale hay que dirigirse a la Via Sistina, que desemboca en la Piazza Barberini, justo donde cambia su nombre por el de Via delle Quattro Fontane. Aquí está la entrada al Palazzo Barberini, un ejemplo de la ostentación de la familia del papa Urbano VIII que encargó la obra de su palacio residencial a tres de los arquitectos más importantes del siglo XVII: Maderno, Bernini y Borromini. Actualmente, y por suerte para los visitantes, el palacio alberga hoy la Galleria Nazionale d'Arte Antica, con obras de Federico Lippi, Caravaggio, Rafael y Tintoretto, entre otros.
Bajando por la Via delle Quattro Fontane y tomando a la derecha la Via Quirinale se llega a dos de las iglesias barrocas más famosas de la ciudad y también dos ejemplos de los dos grandes arquitectos rivales de la época, Bernini y Borromini. La primera es la de San Carlo alle Quattro Fontane, justo en la esquina de las dos calles, y que fue la ópera prima de Borromini en cuanto a los diseños de iglesias que realizó para la ciudad. Unos metros más adelante se llega a Sant'Andrea al Quirinale, una de las obras maestras de Bernini por su orignal diseño. Su interior conserva una excelente decoración y el arquitecto consiguió, además, un espectacular efecto de luz desde la cúpula. La entrada a las dos iglesias es gratuita.
Faltan muy pocos pasos para alcanzar la amplísima Piazza del Quirinale, donde se encuentra el palacio que hoy funciona como residencia oficial del presidente de la República. Por esta razón, en la plaza no faltan los carabinieri, policía local italiana. En el centro de laplaza se puede ver un obelisco y dos estatuas en honor a Cástor y Pólux, copias romanas de los originales griegos del siglo V aC.
Continuando el paseo por la zona no será difícil tener que subir y bajar constantemente por empinadas escaleras al tomar cualquiera de las calles que se adentran en el barrio. Y es que no hay que olvidar que el Quirinale no es tan sólo el centro de la vida política italiana de nuestros días, sino también la más alta de las siete colinas romanas de la antigüedad. En cualquier caso, todos los esfuerzos están justificados para llegar a uno de los monumentos más visitados y fotografiados de Roma, la Fontana di Trevi.
Desde que Anita Ekberg y Marcello Mastroianni se bañaron aquí a las órdenes de Federico Fellini en La Dolce Vita, rodada en la ciudad en 1959, no hay nadie que no haya deseado hacer lo mismo. La Fontana di Trevi fue diseñada por Nicola Salvi en el año 1732 y representa al carro de Neptuno, dios del mar, conducido por caballos y tritones. Para muchos, la plaza de la Fontana di Trevi es de los mejores rincones de la ciudad, así que no hay que dejar pasar la oportunidad de visitarla y, de paso, cumplir con la tradición. Si se lanza una moneda de espaldas a la fuente se asegura el retorno a la ciudad. Si se lanzan dos, la tradición garantiza que se encontrará el amor en Roma. Nunca se sabe...