

Este recorrido recorre varias zonas bien diferenciadas en la ciudad, con inicio en la Stazione Termini y final en la basílica de San Giovanni in Laterano, la catedral de la ciudad.
La Stazione Termini es la principal estación ferroviaria de Roma, donde tienen su punto de partida y de llegada los principales trenes con recorridos internacionales, provinciales e interprovinciales. Junto a la estación, en la Piazza dei Cinquecento, también tienen su origen la mayoría de líneas de autobuses de la ciudad. El ambiente durante el día es de lo más animado, pero la noche, cambia el ritmo y no se trata de uno de los lugares más recomendables de la ciudad.
Entre la Piazza dei Cinquecento y la cercana Piazza della Repubblica se encuentra el Museo Nazionale Romano. Su colección arqueológica no sólo es la principal de Roma, sino también una de las más importantes del mundo, ya que se reparte en diferentes espacios de toda la ciudad (Palazzo Altemps, Crypta Balbi, Palazzo Massimo alle Terme y Aula Ottagona). Junto a estos, el más importante de ellos es el que puede verse en esta parte del itinerario y el que se halla en uno de los extremos de la plaza, los restos de las Terme di Diocleziano que, en el siglo IV, eran las más llamativas de Roma y tenían capacidad para más de 3.000 personas.
Bajando por la Via Torino desde la Piazza della Repubblica llegamos a la Basílica Santa Maria Maggiore, edificada en el siglo V y con una bonita leyenda sobre su construcción. Las remodelaciones que ha sufrido la basílica no han afectado a su imponente aspecto ni a la riqueza de su interior, en el que puede apreciarse el oro que recubre buena parte del techo.
El monte Esquilino se extiende desde el punto en el que comienza esta ruta, la Stazione Termini, hasta el Colosseo. La Via Cavour es la calle principal que conecta estas dos zonas, por lo que, desde la Basílica de Santa Maria Maggiore, lo más recomendable es ir descendiendo por esta arteria (hacer el recorrido a la inversa puede resultar bastante cansado ya que la pendiente es pronunciada) hasta llegar a la encantadora plaza de San Pietro in Víncoli. Aquí se encuentra la pequeña iglesia del mismo nombre que, sorprendentemente, guarda en su interior un monumento de incalculable valor, el Moisés de Miguel Ángel, y una de las reliquias más importantes para los cristianos, las cadenas con las que se apresó a San Pedro. La visita es del todo imprescindible.
La entrada a la iglesia es gratuita y puede visitarse todos los días. Hay que tener en cuenta que cierra al mediodía (entre las 12:30h y las 15:30h), así que se si llega al lugar en este período se podrá aprovechar para tomar un café o tomar un buen bocado de pizza en algunos de los bares de los alrededores, bastante económicos y frecuentados por jóvenes universitarios, ya que en la Via Eudossiana, junto a la iglesia, se encuentra la Facultad de Medicina.
Bajando desde San Pietro in Víncoli en dirección al Colosseo se llega al Colle Oppio, un parque que no recuerda en absoluto el lugar de ensueño que debió ser en su día, cuando se construyó para rodear la Domus Aurea. Ésta fue la residencia del emperador Nerón e, igual que el parque, su esplendor anterior sólo es comprobable en los libros de historia.
Para dirigirse desde este lugar hasta la Via Merulana, nuestro próximo destino, se pueden tomar dos calles principales. Si seguimos por el Viale del Monte Oppio se pasa junto a los restos de las antiguas termas de Trajano, bastante olvidadas actualmente, y junto a la iglesia de San Martino ai Monti. De encontrarse en una ciudad distinta a Roma, la iglesia tendría una gran importancia a causa de los mosaicos que contiene y los restos de estatuas clásicas que aún se guardan en ella. Sin embargo, en una ciudad como Roma en la que las iglesias casi alcanzan el millar puede pasar hasta desapercibida. Si en lugar de esta opción escogemos la Via de San Giovanni in Laterano, que conduce directamente a la catedral de la ciudad, pasaremos junto a la Basílica de San Clemente, una de las más curiosas de Roma ya que es el mejor ejemplo que puede verse en la ciudad de una iglesia construida en distintos niveles.
Si se alcanza desde aquí la Via Merulana, fácilmente reconocible porque es mucho más amplia que el resto, hay que empezar a descender por la calle en dirección sur, intentando no entretenerse demasiado en los numerosos establecimientos que hay a ambos lados de esta avenida. No son tiendas tan elegantes como las que pueden encontrarse en la zona de Piazza di Spagna o Via del Corso, pero tienen ese aire más característico de barrio donde, con algo de suerte, no será difícil encontrar alguna ganga. Sin abandonar esta calle y cuando se ha superado la Via Labicana, aparece a nuestra izquierda la iglesia de San Antonio de Padva. Es una de las más populares de la zona, ideal para comprobar cómo se vive el rito católico en los barrios romanos. Si se tiene la suerte de acercarse a esta iglesia el día 13 junio, festividad del santo que le da nombre, se podrá asistir a una auténtica fiesta religiosa en honor al santo.
La Via Merulana desemboca finalmente en la Piazza San Giovanni, dominada por la monumental Basílica de San Giovanni in Laterano. Antes, sin embargo, hay que acercarse a la parte este de la plaza para entrar en la conocida Scala Santa. Se trata de uno de los lugares más especiales de Roma, donde nunca faltan fieles cristianos y es que la versión más extendida es que esta escalera proviene de Jerusalén y es la misma que subió Jesucristo en el palacio de Poncio Pilatos antes de ser juzgado.
Saliendo de la Scala Santa, en la Piazza San Giovanni, se accede fácilmente al Palazzo Lateranense, donde se firmó en 1929 el célebre Tratado de Letrán por el que se estableció la independencia del estado del Vaticano. Al lado del palacio se levanta el principal edificio de la plaza y, en cuanto a las iglesias, la que para muchos es la más importante de Roma y que funciona como catedral de la ciudad, la Basílica de San Giovanni in Laterano. Sus enormes puertas, su majestuoso interior y su hermoso claustro son impresionantes. Y justo al lado, el Battistero, donde fueron bautizados los primeros cristianos de nuestra época y que conserva valiosas capillas. En la Piazza San Giovanni se puede admirar también el obelisco más antiguo de Roma, de origen egipcio y 30 metros de altura. En uno de los extremos de la plaza se encuentra la Porta San Giovanni que da acceso a la larguísima Via Appia Nuova, normalmente muy transitada y que es un importante nudo para entrar y salir del centro de la ciudad.