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El Vaticano es el estado independiente más pequeño del mundo. Aquí viven 500 personas que funcionan de forma autónoma en relación a Roma a pesar de su cercanía. El Vaticano cuenta con sus propios medios de comunicación (prensa, radio y televisión propias), sus propios sellos, sus medios de transporte y, antes de que llegara el euro y se estableciera un acuero con la Unión Europea también tenía una moneda propia que se acuñaba en el estado. La principal autoridad del estado es el Papa, el máximo representante de la Iglesia católica. En el momento de escribir esta guía se cumplen tan sólo unos meses de la muerte de Juan Pablo II y el consiguiente nombramiento de Benedicto XVI como sucesor. El mundo entero pudo seguir por televisión los funerales del Pontífice y el proceso del nuevo nombramiento con la típica fumata blanca. Creencias religiosas aparte, el Vaticano se convirtió en el centro del mundo durante unos días, dio una idea de la influencia de la Iglesia Católica y se organizó un despliegue mediático sin precedentes.  

El estado Ciudad del Vaticano se formó como tal el 11 de febrero de 1929, cuando el dictador Benito Mussolini y el Papa Pío XII firmaron el Pacto de Letrán. Con este pacto se reconocía la independencia y soberanía de la Santa Sede y se daba por terminada las disputas que existían con Italia desde que en 1870 se perdieron los Estados Pontificios. Con este pacto se determinó también que el jefe del nuevo estado del Vaticano sería el Papa, elegido siempre por un cónclave de cardenales. Él es el encargado de concentrar los poderes legislativo, ejecutivo y judicial, mientras que la Curia Roma se encarga de la administración del estado, siempre por delegación papal.

Como cada Papa se considera directamente sucesor de San Pedro, su autoridad se cree derivada de Cristo y, por lo tanto, sus poderes son totales en la Iglesia Católica. En el Primer Concilio Vaticano de 1870, más de 400 obispos aprobaron el dogma de la infalibilidad del Sumo Pontífice, lo que significa que el Papa es absolutamente infalible en cuestiones de fe y moralidad y sus decisiones no pueden ser discutidas.

Actualmente, Benedicto XVI (de nombre real Joseph Ratzinger) es el Papa número 265. El hecho de que todos los Papas adopten un nombre distinto al suyo cuando llegan al cargo data del año 533 y comenzó cuando se nombró Sumo Pontífice a Juan II. El nombre real de este cura romano era Mercurio y, como es lógico suponer, la Iglesia Católica no podía tener un representante de tal autoridad con nombre de dios pagano.


El Vaticano es también hoy en día, la meca del peregrinaje de muchos cristianos y católicos y un destino de primer orden para millones de turistas que no quieren perderse las obras de arte que pueden verse en el pequeño estado. La Plaza de San Pedro es el centro neurálgico del Vaticano. Aquí se concentra la mayoría de los visitantes antes de dirigirse a otros puntos, ya que también es la puerta de entrada a la impresionante Basílica de San Pedro, la mayor que existe en el mundo.

Saliendo de la iglesia y rodeando la plaza por su parte externa se llega a los Museos Vaticanos, un espectacular conjunto de obras de arte que la iglesia ha ido conservando gracias a adquisiciones unas veces, y donaciones, muchas otras. Aunque hay diferentes salas y piezas de gran valor, sin duda, el principal reclamo es la Capilla Sixtina, la sala en la que Miguel Ángel pintó su techo y una de las paredes con una maestría fuera de serie. Un recorrido completo por los museos puede durar casi una jornada entera, por lo que conviene decidir antes de entrar cuál es la prioridad a visitar.

Desde la Plaza San Pedro, la Via della Conciliazione lleva hasta el Castel Sant'Angelo, una fortaleza que hoy funciona como museo y que se construyó originariamente como mausoleo. Su situación, justo junto al río Tíber, ha convertido a este castillo en uno de los símbolos de Roma.

No hay que abandonar el Vaticano sin reparar en otro de sus símbolos, uno de los que mayor atención concentra a pesar de no tratarse de ningún museo ni monumento. Es la Guardia Suiza, el cuerpo de seguridad creado exclusivamente para la protección del Papa y que, por su indumentaria y su porte, llaman la atención a todos los visitantes. Será casi imposible resistirse a hacerse la típica foto de turista junto a alguno de los soldados, pero mejor no ser tímido. Ellos suelen reaccionar bien y saben que, hoy en día, completar el álbum de fotos de los visitantes al Vaticano es una de sus funciones...