

Aunque para muchos pueda resultar una opción más que cómoda, en Roma, sin duda, hay que desaconsejar el uso de los automóviles y motos para todo el que llega de visita. Tanto el tráfico como el aparcamiento pueden resultar "misión imposible" para los recién llegados en automóvil. Y en cuanto a las motos, el riesgo siempre está presente.
A pesar de que existen los semáforos y aunque parezca lo contrario, "funcionan", no siempre se respetan y para conducir por la ciudad con éxito parece regir la "ley del más fuerte". En el Centro Storico, además, son muchas las calles cerradas al tráfico regular, por lo que para visitar los principales monumentos o museos romanos circular a cuatro o a dos ruedas no resulta la opción más conveniente.
Si a pesar de esto se dispone de un coche de alquiler o se tiene que utilizar este medio de transporte sin remedio hay que tener en cuenta que existe un sistema de aparcamiento que cada vez es más estricto. Las zonas están marcadas, por lo general, con líneas azules y unas máquinas expenden los billetes cada varios metros (también se pueden adquirir casi en los mismos lugares que venden los pases para metro, autobús y tranvía). El descontrol existente al circular no se corresponde con el control policial. Y es que una multa por aparcamiento incorrecto puede superar los 100 €, además del coste añadido de la grúa...